Andrés Cheveste salvó el Desembarco de los 33 Orientales

Imaginen a los Treinta y Tres Orientales ya juramentados, fieles a la causa de la Cruzada Libertadora en la Playa de la Agraciada, pero sin caballos. Perseguidos y capturados a pie por las fuerzas brasileñas en un terreno hostil. ¿Qué hubiera ocurrido? 

Probablemente, la expedición habría terminado en un fusilamiento sumario y el sueño de la libertad se habría postergado por décadas.

Biografía de un "criollo de acá nomás"

Andrés Avelino Cheveste nació en la zona rural de Las Violetas, en las afueras de la ciudad de Canelones, el 10 de noviembre de 1786. Fue hijo de Manuel Cheveste y Artelaya, de origen vasco, y de Manuela Islas y González, oriunda de Buenos Aires. Según consigna el Prof. Mag. Daniel Torena, fue bautizado en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe por el Pbro. Juan Miguel de Laguna, figura clave en la fundación de Canelones.

Desde niño, Andrés intercaló sus estudios de "primeras letras" en la parroquia con su verdadera pasión: la crianza de caballos. Esta destreza lo convirtió en un extraordinario jinete y en el mejor baqueano de la Provincia Oriental; un conocedor de caminos, trillos y pasos de río que resultaría vital para la patria.

Andrés Cheveste. Juan Manuel Blanes.
Andrés Cheveste. Juan Manuel Blanes.

Veterano de la causa artiguista

Su servicio a la revolución no empezó en 1825. El Prof. Torena destaca que, ya en 1811, Cheveste colaboró con el arriado de ganado para apoyar al Ejército Patriota de Artigas en el Arroyo Canelón Chico, antes de la Batalla de Las Piedras. Posteriormente, integró las Milicias de Canelones bajo el mando de Manuel Francisco Artigas, participando en batallas fundamentales contra la invasión luso-brasileña como India Muerta (1816) y Paso Cuello (1817).

La hazaña de 1825: "Si Gómez no llegó, Cheveste llegará"

Para los años de la Cruzada Libertadora, Cheveste contaba con 39 años y una reputación que incluso preocupaba al Barón de la Laguna, Carlos Federico Lecor, quien había ordenado vigilarlo estrechamente.

Su misión era crítica: llevar la caballada hacia el lugar convenido sin levantar sospechas. La mayor parte de los equinos fueron cedidos por el hacendado Tomás Gómez. Cheveste partió de sus pagos con más de treinta caballos en una travesía nocturna y silenciosa. Cruzó el Río Santa Lucía por el Paso Belastiquí para evitar a las patrullas brasileñas y se ocultó en los montes del Arroyo del Rosario.

Mientras tanto, en la Playa de la Agraciada, la tensión crecía. El desembarco se había completado, pero los caballos no aparecían. Juan Antonio Lavalleja, que conocía a Cheveste por ser vecinos en Las Violetas y compañeros de armas, mantenía una fe ciega en él. Ante la incertidumbre de sus hombres, pronunció la frase que la historia recogería: “Si Gómez no llegó, Cheveste llegará”.

Y así fue. Al atardecer, el baqueano apareció con los caballos, permitiendo que la Cruzada se pusiera en marcha. Poco después, según relata Atanasio Sierra, Cheveste incluso logró arrebatarle una caballada adicional al coronel brasileño Julián Laguna.

El hombre de confianza de Lavalleja

La confianza de Lavalleja en él era absoluta. En una carta a su esposa, Ana Monterroso, el Libertador escribía: “Dentro de cuatro días mandaré a Cheveste y te escribiré circunstanciadamente”. Esta mención confirma que Cheveste no solo era un guía, sino un mensajero de confianza para comunicaciones estratégicas.

Tras el éxito del desembarco, Cheveste participó en la Batalla de Sarandí y formó parte del Regimiento de Caballería N° 9 bajo las órdenes de Manuel Oribe. Fue el propio Cheveste quien, en 1829, confeccionó la lista oficial de los 33 Orientales para que el Estado les otorgara su correspondiente pensión.

Sus últimos años

La lealtad de Cheveste a Lavalleja le trajo complicaciones políticas. En 1833, durante la presidencia de Rivera, fue detenido brevemente por temor a que se uniera a un levantamiento de su antiguo jefe. Tras ser liberado, residió en Paysandú y luego en el Paso de las Brujas (Canelones).

El Prof. Torena señala que, durante la Guerra Grande, Cheveste manifestó a Manuel Oribe su deseo de retiro definitivo. Pasó sus últimos años en el departamento de Treinta y Tres, siendo un vecino respetado y admirado.

Falleció el 23 de setiembre de 1865, curiosamente el mismo día en que se cumplían 15 años de la muerte de José Artigas. Hoy, calles en departamentos como Colonia, Rocha, Maldonado y Soriano, además de su Canelones natal, honran el nombre del baqueano que, con su conocimiento del terreno y su coraje, salvó la Cruzada Libertadora.

Seguí con nosotros en el newsletter de Nautamedia Historia para compartir mes a mes las biografías e historias del Uruguay. ¡Sumate!

 

Autor
Pablo Ibáñez
Más en NMH